viernes, 3 de agosto de 2007

Ni siquiera angustia el tener la certeza de la ausencia eterna.

------> acto.
La teoría se pulveriza cuando la concebimos (desplazar sinónimos y homólogos).

El ser supremo (estereotipado símil al hombre) es solo justificación burda e insensata de vulnerabilidad y, paradójicamente, de Ego (evoque una imagen). Porque al final todos somos ateos. O teos pero proyectando la justificación inconsciente que ninguno logra vislumbrar.
Pero así somos = piso, base. Lo demás son adornos.
Diría que quizás no he vivido. Mira, ya no me obsesiono ni siento cada noche el descalificador toque de la ansiedad. Probablemente porque no hay de qué esperar ansias. Se logra entonces lo que la tangibilidad inhibe -----> Porque reacciona, porque pertenece a la miserable especie, porque lo condiciona el medio, la costumbre, el peso-de-la-tradición.

sábado, 21 de julio de 2007

Voy a ejercitar lo que hablamos anoche.
Trata de escribir pausado (mas bien seguido), pero que el detenerse sea consecuencia de una falla aparentemente impositiva de la autocomplacencia del texto y no estética. Con autocomplacencia me refiero a que ningún otro sujeto más que el parlante pueda tener certeza de la belleza que para él se hace necesaria y no para un público abstraído.

Miel, tus ojos no lo son. No lo son porque quizás la genética, quizás el sol o quizás simplemente mi percepción de tu espesor. Resulta probable creer que la percepción no necesariamente hace lo suyo en la estética, que finalmente es biología inevitablemente involuntaria, sino percepción de mi percepción hacia la tuya, es lo que creo de lo que crees de nuestra creencia en la ambigüedad, compartida, lo único que nos une y nos aleja. Neutralidad. Química electrónica (enlaces). Nos une el concepto y nos aleja la práctica.

viernes, 20 de julio de 2007

Después de Todo

Después de todo
nos volveremos a encontrar.
El verano tendrá sus manteles en el suelo
para que dispongamos nuestras provisiones
y tú seguirás bella
como la canción El Vino de Mediodía
que el loco tocaba en la leñera.

Después de todo
hay tantas y tantas tierras.
Yo no me impaciento.
Tenemos todos los años del mundo para recorrerlas
hasta que de nuevo estemos juntos
y tú me contarás
que una vez me conociste
en un pequeño planeta que yo no recuerdo
un planeta llamado Tierra
y vas a hablarme
de casas visitadas por la luna;
billetes de apuesta a los hipódromos,
nuestras iniciales dibujadas con tiza blanca
en un muro en demolición.

Equivoquémonos todo lo que queramos.
La tierra del desamor no existe
ante el gesto tuyo de mostrar las magnolias
de una plaza de barrio,
tu cabeza en mi hombro,
la clara música nocturna de tu cuerpo.

Un gesto rehace todo:
Cuando la casa se incendia
su vida sigue entera
en la hoja chamuscada de un cuaderno,
el alfil sobreviviente del ajedrez.

En otro lugar,
lejos de esta tierra y de su tiempo
espero tu rostro
donde se reúnen todos los rostros que he amado,
y comenzaremos a ser otra vez los desconocidos
que hace años se miraban y miraban
sin atreverse a decir que iban a amarse.


Jorge Teillier

lunes, 16 de julio de 2007

Me cargan los títulos, por el simple hecho de que predisponen.
No me agrada intentar comenzar vida nueva teniendo claro que no será así.

Mierda y una más. Sé que la voluntad se suprime cuando se vuelve consciente la consciencia.
Odio la trascendencia en lo cotidiano, ese constante tortuoso que escapa de la temporalidad.
La trascendencia se vuelve miseria y la miseria constante, entonces viene la reducción dependiente y quizás no es eso y es lo otro, o lo otro es eso y al final la reducción viene dada, más allá del subjetivismo conceptual. Da igual, tiempo e inercia se vuelven paralelos y no hay vaivén, no me gustan los cambios porque suponen un ciclo y para qué complejizar el acto si inevitablemente lo constante es eso y lo que es. Detesto la parafernalia y quizás por eso lo del espejo y la autoasimilación del absurdo y el complejo y lo inevitable de la condición sin tapetes ni silabario. No quiero palabras escénicas, sería volver a eso. Pero cómo no hacerlo, no proceso como tú ni como él ni como quien aspiro ser y es angustiante porque entonces el circo ya no es lo que pretende, sino lo que ciegamente imparte. Eres ermitaño, yo también lo soy. El problema es que no te das cuenta.